Las lentillas blandas no pudieron empezar a fabricarse hasta la década de los 60. El principal componente de la mayoría de ellas es el hidroxietilmetacrilato (HEMA).

Las lentes de contacto blandas que existen actualmente en el mercado pueden clasificarse en dos grupos: las lentillas blandas convencionales y las desechables.

Las lentes de contacto convencionales han de reemplazarse al cabo de un año ya que una vez puestas en contacto con la lagrima y con el oxigeno van perdiendo las propiedades iniciales que eran las idóneas (hidratación, paso de oxigeno, elasticidad…) y van acumulando depósitos proteicos que le restan prestaciones y aumentan el riesgo de rechazo por alergias a estos depósitos.

Para mantener las lentes de contacto en condiciones óptimas, hay que realizar un proceso de limpieza diariamente con un peróxido y no olvidar una vez a la semana añadir la pastilla enzimática para que remueva los depósitos proteicos que provocan alergias.